jueves, 15 de marzo de 2018

pájaros

En la copa de un árbol 
del otro lado del canal,
los pájaros tejen sonidos
que envuelven la ciudad.

Como si se hubieran puesto de acuerdo
se lanzan al mismo tiempo,
emprenden un vuelo organizado
dibujan una figura precisa en el cielo 
que me invita a echar la cabeza hacia atrás
para seguir su recorrido 
hasta donde me alcanza la mirada
hasta donde me alcanza la voluntad.

Campanas de domingo resuenan a lo lejos.
Las sombras de las ramas me sorprenden
en el agua, son brazos que nadan
hacia alguna parte, espejo de nosotros mismos
zambullidos en el agua cotidiana, 
procurando abrirnos el camino de cada día.

Los pájaros se han diluido en el aire de la tarde,
las campanas de domingo se han apagado,
y el sol se esconde detrás de las casas,
 dejando huellas moradas en las nubes. 



viernes, 2 de marzo de 2018

en la Estación/ en Delft



      El café, Uit de Kunst, aceptó presentar el poemario en la Estación
     El sábado 24 de marzo a las 16:00 hs
     en Oude Delft 140
     2611 CG Delft
     ¡GRACIAS!     BEDANKT !



miércoles, 28 de febrero de 2018

espacios para la poesía


Café y nieve por la mañana, de camino al centro, en busca de un espacio para presentar el poemario en Delft. Me acerco a los cafés y pregunto: ¿Podemos presentar un libro de poesía? Cuando digo poesía, a veces la gente se queda pensando, como si hubiera pronunciado la palabra más rara del mundo. Algunos se quedan con la mirada suspendida en la resonancia de las últimas letras y la boca entreabierta, indagando en la memoria algo perdido. Entiendo que los poetas “no somos redituables” para casi ningún café. Pero no me rindo y sigo buscando espacios donde podamos respirar poesía. Persisto y confío en la hora en que florece el milagro. 


miércoles, 13 de diciembre de 2017

Fragmento (2) en la Estación


 octubre del 2012

en Delft, partida al medio

doy a luz



las mamushkas

partidas al medio

también dan a luz



un tajo

debajo 

del ombligo,

sonríe y duele


parí, morí, volví  


desde una herida, vi la luz 



        


         Fotos del libro: Fernanda Montoro
         Diseño: María Morales 
         Este viernes, a las 18:00 hs
         Presentación en la Estación Central de Róterdam
         En el café de la planta alta: Het Stationshuiskamer 

domingo, 3 de diciembre de 2017

los gatos de la cabaña

Algunas noches me quedaba a esperarlo. Sentada bajo la tenue luz de las lámparas, con un café y un libro de Murakami. Instalada en el silencio de la isla. Abrazando a la noche cerca de la ventana. Afuera, una luna colgada del cielo, abría caminos entre los árboles. Caminos de luz que facilitaban el regreso de los gatos. Les habíamos invadido la casa,  entonces, lo menos que podíamos hacer por ellos era cuidarlos. El acuerdo con nuestros amigos suecos, había sido ese: cuidarles los gatos a cambio de una semana en la cabaña y un pequeño barco para hacer las compras en la isla de Marstrand. Me lo había tomado muy a pecho. Creo que uno de los gatos también se lo había tomado en serio, y se dejaba mimar a gusto. Él, o su estómago, tenía un sentido de la hora muy particular. Volvía siempre de sus andanzas cotidianas cerca de las doce de la noche. Entraba por la ventana que le dejábamos abierta, me miraba fijo con sus ojos verdes que brillaban en medio de la penumbra, y enseguida se arrimaba a mis piernas. Si ya me había acostado, no tenía ni el menor problema en ir a buscarme. Pegaba un salto a la cama y empezaba a ronronear; era su forma de recordarme de que estaba muerto de hambre. Ibamos a la cocina, le preparaba la comida, y por lo general ya me quedaba desvelada. Ese era el momento en que las páginas del libro de Murakami me seducían otra vez. Me hacía un café y me entregaba a la novela: “Crónica del pájaro que da cuerda al mundo”. Curiosamente en esta historia también hay un gato que tiene su importancia en la trama y un personaje que siempre lo está buscando. Aunque confieso que el gato de la cabaña que siempre regresaba a las doce de la noche, más que un gato, parecía un perro faldero. Después que terminaba de comer, se acurrucaba a mis pies, esperándome a que terminara con la lectura. Cuando me iba a acostar, me seguía el paso hasta detenerse en la cama de Fabrizio, y ese era su lugar favorito para dormir, a los pies de la cama de nuestro hijo. Del otro gato, apenas conocimos su sombra. Nunca estaba en casa, cuando nosotros estábamos. Pero su plato de comida, siempre estaba vacío. 


miércoles, 22 de noviembre de 2017

en la Estación/preparativos


Aquí estoy. En medio de la noche. En medio de los preparativos de la presentación del poemario y las andanzas cotidianas. Estos poemas recorren lugares que me habitan en silencio. Son espacios en estaciones diferentes, momentos de encuentros y despedidas, miradas que aún soplan mariposas azules, personas de hoy, personas de ayer, cada cuál en su tren, en su danza y en su ritmo cotidiano. Los poemas son recuerdos, imágenes, sueños que de algún modo se han quedado conmigo bordeando la memoria, como quien no se anima a retirarse del todo. No hay nada como escribir para “retener” lo que no quiero olvidar. Escribo y también me libero de lo que me incomoda, de lo que me duele y le roba aire al presente. Aunque el tiempo desgasta páginas poniéndolas amarillas, borra palabras escritas en la orilla del mar, deja sus huellas en cualquier cosa que tenga un cuerpo y respire, aunque el tiempo me lleve un día hasta su punto infinito, no me arrepiento y persisto. Transpiro y confieso, confieso y comparto en cada una de mis letras, mi frágil condición humana. Respiro, camino, me pierdo y me encuentro, me peleo y me reconcilio en cada instancia que late en su hora. Le saco jugo a cada letra a fuerza de pulmón,  con la esperanza de quedar resonando en algún oído, en alguna parte donde las voces poéticas perduren, y resistan la aspereza de la indiferencia que es más dura que las piedras. 

sábado, 18 de noviembre de 2017

fragmento/ en la estación


                                                 Fotografías: Fernanda Montoro
                                Diseño gráfico: Maria Esther Morales

 los relojes del norte
 se quiebran
 como hielo

la luna
nos ilumina
en silencio

me miro
en ella
como en un espejo

un barco 
en el puerto
atraviesa un sol intenso;

imagen que se proyecta 
en una pantalla 
de la estación

una pausa en Rotterdam

un café en la estación
un tren de juguete 
a medio camino

la memoria
fluye
como un río

los recuerdos
vuelven y ruegan
que los deje partir

algunos abrazan, otros golpean

el tiempo
se vuelve
caracola de mar

el sombrero del abuelo
lleno
de nísperos

la corteza de un árbol
y las historias
de la abuela

el susurro
de las chicharras
a la hora de la siesta

el sol sobre la piel de los duraznos


alejandra darriulat