miércoles, 13 de diciembre de 2017

Fragmento (2) en la Estación


 octubre del 2012

en Delft, partida al medio

doy a luz



las mamushkas

partidas al medio

también dan a luz



un tajo

debajo 

del ombligo,

sonríe y duele


parí, morí, volví  


desde una herida, vi la luz 



        


         Fotos del libro: Fernanda Montoro
         Diseño: María Morales 
         Este viernes, a las 18:00 hs
         Presentación en la Estación Central de Róterdam
         En el café de la planta alta: Het Stationshuiskamer 

domingo, 3 de diciembre de 2017

los gatos de la cabaña

Algunas noches me quedaba a esperarlo. Sentada bajo la tenue luz de las lámparas, con un café y un libro de Murakami. Instalada en el silencio de la isla. Abrazando a la noche cerca de la ventana. Afuera, una luna colgada del cielo, abría caminos entre los árboles. Caminos de luz que facilitaban el regreso de los gatos. Les habíamos invadido la casa,  entonces, lo menos que podíamos hacer por ellos era cuidarlos. El acuerdo con nuestros amigos suecos, había sido ese: cuidarles los gatos a cambio de una semana en la cabaña y un pequeño barco para hacer las compras en la isla de Marstrand. Me lo había tomado muy a pecho. Creo que uno de los gatos también se lo había tomado en serio, y se dejaba mimar a gusto. Él, o su estómago, tenía un sentido de la hora muy particular. Volvía siempre de sus andanzas cotidianas cerca de las doce de la noche. Entraba por la ventana que le dejábamos abierta, me miraba fijo con sus ojos verdes que brillaban en medio de la penumbra, y enseguida se arrimaba a mis piernas. Si ya me había acostado, no tenía ni el menor problema en ir a buscarme. Pegaba un salto a la cama y empezaba a ronronear; era su forma de recordarme de que estaba muerto de hambre. Ibamos a la cocina, le preparaba la comida, y por lo general ya me quedaba desvelada. Ese era el momento en que las páginas del libro de Murakami me seducían otra vez. Me hacía un café y me entregaba a la novela: “Crónica del pájaro que da cuerda al mundo”. Curiosamente en esta historia también hay un gato que tiene su importancia en la trama y un personaje que siempre lo está buscando. Aunque confieso que el gato de la cabaña que siempre regresaba a las doce de la noche, más que un gato, parecía un perro faldero. Después que terminaba de comer, se acurrucaba a mis pies, esperándome a que terminara con la lectura. Cuando me iba a acostar, me seguía el paso hasta detenerse en la cama de Fabrizio, y ese era su lugar favorito para dormir, a los pies de la cama de nuestro hijo. Del otro gato, apenas conocimos su sombra. Nunca estaba en casa, cuando nosotros estábamos. Pero su plato de comida, siempre estaba vacío. 


miércoles, 22 de noviembre de 2017

en la Estación/preparativos


Aquí estoy. En medio de la noche. En medio de los preparativos de la presentación del poemario y las andanzas cotidianas. Estos poemas recorren lugares que me habitan en silencio. Son espacios en estaciones diferentes, momentos de encuentros y despedidas, miradas que aún soplan mariposas azules, personas de hoy, personas de ayer, cada cuál en su tren, en su danza y en su ritmo cotidiano. Los poemas son recuerdos, imágenes, sueños que de algún modo se han quedado conmigo bordeando la memoria, como quien no se anima a retirarse del todo. No hay nada como escribir para “retener” lo que no quiero olvidar. Escribo y también me libero de lo que me incomoda, de lo que me duele y le roba aire al presente. Aunque el tiempo desgasta páginas poniéndolas amarillas, borra palabras escritas en la orilla del mar, deja sus huellas en cualquier cosa que tenga un cuerpo y respire, aunque el tiempo me lleve un día hasta su punto infinito, no me arrepiento y persisto. Transpiro y confieso, confieso y comparto en cada una de mis letras, mi frágil condición humana. Respiro, camino, me pierdo y me encuentro, me peleo y me reconcilio en cada instancia que late en su hora. Le saco jugo a cada letra a fuerza de pulmón,  con la esperanza de quedar resonando en algún oído, en alguna parte donde las voces poéticas perduren, y resistan la aspereza de la indiferencia que es más dura que las piedras. 

sábado, 18 de noviembre de 2017

fragmento/ en la estación


                                                 Fotografías: Fernanda Montoro
                                Diseño gráfico: Maria Esther Morales

 los relojes del norte
 se quiebran
 como hielo

la luna
nos ilumina
en silencio

me miro
en ella
como en un espejo

un barco 
en el puerto
atraviesa un sol intenso;

imagen que se proyecta 
en una pantalla 
de la estación

una pausa en Rotterdam

un café en la estación
un tren de juguete 
a medio camino

la memoria
fluye
como un río

los recuerdos
vuelven y ruegan
que los deje partir

algunos abrazan, otros golpean

el tiempo
se vuelve
caracola de mar

el sombrero del abuelo
lleno
de nísperos

la corteza de un árbol
y las historias
de la abuela

el susurro
de las chicharras
a la hora de la siesta

el sol sobre la piel de los duraznos


alejandra darriulat 










domingo, 29 de octubre de 2017

en la Estación




















Foto: Fernanda Montoro • http://fernandamontoro.com  
Diseño gráfico: Maria Esther Morales


“en la Estación” ¿es un poemario o una novela contemporánea escrita en verso?

“Tan onírica como real, una mujer de 43 años sentada en un café espera un tren de regreso a casa. Pero los trenes se han detenido hasta nuevo aviso. Y la espera genera ese espacio-tiempo ideal para la “ficción”. Los límites entre pasado, presente y futuro, se desdibujan. Lo autobiográfico y lo imaginario se ensamblan en un mundo poético, real. Imágenes que abrazan o golpean. Poemas que evocan recuerdos de su vida, atravesados por momentos cruciales del SXX: la Caída del Muro de Berlín, las Obras de la Bailarina Pina Bausch, y la dictadura de los años 70 en América Latina. Mujer poeta que se atreve a sentir y a expresar desde lo más doloroso hasta lo más sublime de su vida. Mujer narradora que se lanza a soñar hacia el futuro”.

“en la Estación es una obra redonda, que a uno lo va envolviendo. Es como cuando empiezan a caer las primeras gotas de lluvia, una a una con su peso, su impacto y ese irte calando hasta los huesos, casi sin que te des cuenta. Es una narración perfecta aunque no narre en un sentido tradicional. Son como imágenes de una película que apenas aparecen, se detienen en una foto fija, y se asientan en uno. Ya querría más de un narrador en sentido clásico tener el talento para enhebrar una trama como el que tiene Alejandra. Lo que a un narrador corriente le lleva por lo menos 40 renglones de prosa para caracterizar a un personaje, Alejandra lo logra en apenas 4 versos.”.

Prof. Gustavo Martínez


Próximamente se presentará en vivo en la ciudad de Rotterdam. 





miércoles, 25 de octubre de 2017

las flores de Vincent


Por lo general, cuando se “piensa” en flores uno asocia la imagen con alegría o un instante de esplendor. Los girasoles de Vincent o sus lirios me conectan con algo mucho más abarcador; la vida misma con sus diferentes estaciones. No todos sus girasoles son espléndidos. Algunos están despojados de pétalos. Y en sus lirios hay gajos caídos, rendidos de tanta vida, empiezan a marchitarse. Eso es lo que más me atrapa de la pintura de Van Gogh, sus cuadros no tienen “maquillaje” ni “cirugía” estética; son pura esencia. Sus pinceladas respetan la naturaleza con sus arrugas, con sus canas, con los machaques que el tiempo va dejando. Cuánto más desnudas se presentan las cosas, más bellas y auténticas. Nosotros también integramos parte de esa belleza en nuestro proceso de desintegración. Es sólo cuestión de asumirlo. De asumirse. 

domingo, 15 de octubre de 2017

1905 de la mano de Jo




Poco se sabe y menos aún se escucha o se lee sobre Johanna Gezina Bonger; la cuñada de V.Gogh. Sin embargo, esta mujer es el puente entre nosotros y la obra de Vincent Van Gogh. En 1890 Vincent se dispara una bala en el pecho y su cuerpo es enterrado en Auvers-sur-Oíse. Al año siguiente su hermano Theo también fallece. Johanna se queda sola con un hijo y toda la obra de V. Gogh; semejante responsabilidad para una mujer, con lo que implicaba ser mujer en aquellos tiempos, un niño de apenas un año, la pintura de un genio entre el silencio y las sombras de una época que apenas reconoció el valor de la obra de Van Gogh. En 1905 Johanna re vive al genio y lo lleva a las salas del Stedelijk Museum en Amsterdam donde más de 450 cuadros dejaron su huella hasta el día de hoy. La primera y gran merecida exposición de Van Gogh en un museo del mundo. ¿El “comienzo” de su carrera de la mano de Jo? Sin lugar a dudas, le debemos un agradecimiento a esta mujer, casi anónima, y a su hijo Vincent Willem Van Gogh que continuó la tarea de su madre: sacar a luz la obra de un genio.